JUAN RAMÓN LUCAS

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Venta Llano del Beal
“Manos recias y ásperas van cogiendo los vasos hasta limpiar el mostrador. Los devuelven al instante vacíos, golpeando la madera y soltando el medio real. Zapata vuelve a colocar otra línea que rápidamente desaparece. Suenan los vasos y las monedas sobre la tabla. Hay un silencioso ir y venir de hombres sombríos que entran, beben y salen del ventorro de los Zapata camino de algunos de los pozos sierra arriba. Son mineros que abandonan por un minuto la fantasmagórica procesión que recorre antes del alba los senderos con esas lámparas de carburo que huelen a azufre, como el infierno, entre enormes chimeneas que se recortan contra el cielo, cruces del calvario en una sierra que bajo la lluvia es aún más oscura”

Venta Llano del Beal

“Manos recias y ásperas van cogiendo los vasos hasta limpiar el mostrador. Los devuelven al instante vacíos, golpeando la madera y soltando el medio real. Zapata vuelve a colocar otra línea que rápidamente desaparece. Suenan los vasos y las monedas sobre la tabla.

Hay un silencioso ir y venir de hombres sombríos que entran, beben y salen del ventorro de los Zapata camino de algunos de los pozos sierra arriba. Son mineros que abandonan por un minuto la fantasmagórica procesión que recorre antes del alba los senderos con esas lámparas de carburo que huelen a azufre, como el infierno, entre enormes chimeneas que se recortan contra el cielo, cruces del calvario en una sierra que bajo la lluvia es aún más oscura”

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