“Asciende el inglés calle mayor arriba. Hay mucho bullicio de gente que habla alto, algunos discuten, otros se saludan, se escucha algún relincho y los avisos de carretas, berlinas y galeras que atraviesan la calle zigzagueando para no llevarse por delante ningún alma. A los pocos minutos, donde parecen asentarse las últimas casas del pueblo, se abre a su derecha una plaza amplia donde se yergue una estructura metálica moderna y altísima de lo que parece un enorme edificio en construcción apuntando al cielo infinito con ambición de rascacielos. A Sullivan se le antoja allí y entonces completamente fuera de lugar.
– ¿Qué están haciendo aquí? – pregunta a un hombre que mira asombrado la poderosa estructura.
– Pues no lo sé, compadre. Pero parece una catedral.
– Es el nuevo mercado -apunta desde atrás una voz femenina- es obra de un arquitecto que vive en Cargagena y que se llama Beltrí. Un caballero educado y elegante, pero más sieso y callado que cualquiera de sus columnas.”
JUAN RAMÓN LUCAS
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Mercado Público
“Asciende el inglés calle mayor arriba. Hay mucho bullicio de gente que habla alto, algunos discuten, otros se saludan, se escucha algún relincho y los avisos de carretas, berlinas y galeras que atraviesan la calle zigzagueando para no llevarse por delante ningún alma. A los pocos minutos, donde parecen asentarse las últimas casas del pueblo, se abre a su derecha una plaza amplia donde se yergue una estructura metálica moderna y altísima de lo que parece un enorme edificio en construcción apuntando al cielo infinito con ambición de rascacielos. A Sullivan se le antoja allí y entonces completamente fuera de lugar.
- ¿Qué están haciendo aquí? – pregunta a un hombre que mira asombrado la poderosa estructura.
- Pues no lo sé, compadre. Pero parece una catedral.
- Es el nuevo mercado -apunta desde atrás una voz femenina- es obra de un arquitecto que vive en Cargagena y que se llama Beltrí. Un caballero educado y elegante, pero más sieso y callado que cualquiera de sus columnas.”
Mercado Público
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