JUAN RAMÓN LUCAS

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Mirador Camino del 33
“La Sierra Minera es un bosque de chimeneas que vierten al aire las bocanadas sucias de los hornos de las fundiciones y el vapor de las máquinas de mina. Se recortan en su estirada dignidad contra un horizonte gris de niebla suave y persistente por el humo que expulsan sin descanso; surge furioso del interior de una tierra que ofrece todos los todos ocres, del amarillo al rojizo, del mineral que atesora en sus entrañas. Huele a azufre y a plomo seco, más fuerte a medida que se asciende por los pedregosos senderos de la sierra. En muchas de sus laderas serpentean construcciones bajas semicirculares de ladrillo, las galerías de humos que a modo de serpentín sirven para enfriar los de la fundición y depositar los últimos restos de plomo en sus paredes. Niños menudos, delgados, trabajan en su interior rascando esos restos para que no se pierda un solo gramo de su valor. Hay algunas minas abiertas al cielo, pero la mayoría son túneles que se empezaron a excavar hace siglos siguiendo filones o mantos que ya en su día descubrieron los antiguos. La humedad de los mares cercanos aumenta a sensación de atmósfera pesada, comod e plomo, y en verano el calor hace de la sierra un infierno de tierra seca y polvorienta que se contagia a las carnes y a las almas que quienes la habitan”

Mirador Camino del 33

“La Sierra Minera es un bosque de chimeneas que vierten al aire las bocanadas sucias de los hornos de las fundiciones y el vapor de las máquinas de mina. Se recortan en su estirada dignidad contra un horizonte gris de niebla suave y persistente por el humo que expulsan sin descanso; surge furioso del interior de una tierra que ofrece todos los todos ocres, del amarillo al rojizo, del mineral que atesora en sus entrañas. Huele a azufre y a plomo seco, más fuerte a medida que se asciende por los pedregosos senderos de la sierra. En muchas de sus laderas serpentean construcciones bajas semicirculares de ladrillo, las galerías de humos que a modo de serpentín sirven para enfriar los de la fundición y depositar los últimos restos de plomo en sus paredes. Niños menudos, delgados, trabajan en su interior rascando esos restos para que no se pierda un solo gramo de su valor. Hay algunas minas abiertas al cielo, pero la mayoría son túneles que se empezaron a excavar hace siglos siguiendo filones o mantos que ya en su día descubrieron los antiguos.

La humedad de los mares cercanos aumenta a sensación de atmósfera pesada, comod e plomo, y en verano el calor hace de la sierra un infierno de tierra seca y polvorienta que se contagia a las carnes y a las almas que quienes la habitan”

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